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Hoy estuvimos triscando por los montes de Covaleda, donde pude demostrar mis nulas aptitudes de biker. Aunque para ser la primera vez que monto en montaña de verdad tampoco estuvo del todo mal, por lo menos no besé el suelo, y muchos no pueden decir lo mismo :-)
Fotos ya disponibles
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=479529
Esta era la primera edición de la marcha. La organización había previsto una asistencia aproximada de 70 ciclistas, pero la participación dobló esa cantidad pues a Covaleda acudieron 176 valientes. La organización estuvo bastante bien. El camino estaba señalizado con trozos de cinta y en algunos puntos peligrosos había personal avisando a los que iban pasando. Hasta un novato como yo pudo leer el trazado sin perderse. Los avituallamientos eran contundentes, teníamos melones que sabían a gloria, galletas, filipinos, pastelillos.... acuarius, agua, cocacola, etc.
Antes de salir procuré informarme sobre el recorrido. ¿Hay raices? preguntaba yo en la salida :-)
Se dio la salida y emprendimos la marcha por las calles de Covaleda para tomar un camino rumbo al monte. La primera difucultad que nos encontramos fue un regato que yo identifiqué como río... Primera vez que puse pie a tierra y primer aviso del riesgo de caída que tiene esta modalidad de ciclismo. Continuamos por un terreno muy blandito entre pinos. Mientras rodaba por allí me acordaba de mi pregunta sobre las raices :-) El suelo estaba plagado de ellas, aunque con tiento se podían salvar, el truco está en pasarlas perpendicularmente.
Controladas las raices, llegamos al verdadero río. Para no quedarme clavado en el medio y calarme los pies engrano el plato pequeño y preparo el molinillo. De repente noto que el molinillo se pasa de revoluciones y que la bici no se mueve, ¡se me había salido la cadena! Sin posibilidad de pasar el río seco, decidí sacrificar un pie que acabó metido completamente en el agua. Peor suerte corrió otro participante que pasaba a mi lado y que cayó de lleno en el agua ¡menudo remojón!
Salí del río como pude y traté de meter la cadena. Tras varios intentos comprobé que el plato pequeño se había partido, por eso se salió la cadena. Qué mala suerte, no me quedaba otra que hacer el resto de la marcha con los dos platos más grandes. Esto de las averías es algo común en el MTB, y la gente va preparada a tope con tronchacadenas y herramientas de todo tipo.
A medida que íbamos adentrándonos en el bosque los caminos se estrechaban y los árboles se defendían de los invasores a base de manotazos, ¡madre mía que arañazos! Además de las raices ahora había que lidiar con los palos y las piedras, enemigos naturales de los bikers. Otra de las trampas que había en el recorrido eran unos pequeños desniveles en las bajadas donde si se quedaba enganchada la rueda delantera el ciclista salía de morros directamente contra el suelo. ¡Menuda galleta se cascó uno delante de mi! Se cayó a cámara lenta, uy uy uy uy, ¡plaf! Menos mal que cayó sonbre un manto de musgo blandito.
Y así, poco a poco, íbamos recorriendo kilómetros. Los que tenían buena técnica podían hacer todo el recorrido sobre la bicicleta, pero los menos experimentados teníamos que echar pie a tierra de vez en cuando. Algunas veces se iba más rápido corriendo que pedaleando. En mi caso el problema de las subidas era que la bici se ponía de manos y no podía hacer fuerza. Conseguí subir por algunos sitios increíbles, desde luego esos cacharros se suben por las paredes.
En las bajadas me pasaban hasta los caracoles. La gente se marcaba unas derrapadas impresionantes. Los paisajes eran muy bonitos, aunque yo bastante tenía con mirar al frente para pensar por donde sorteaba las raices, las piedras, los agujeros y demás elementos.
En los avituallamientos nos agrupábamos, pero luego la técnica y las fuerzas ponían a cada uno en su sitio. Yo pude disfrutar de mi momento de gloria en el último tramo. Circulábamos por una pista con gravilla, metí la directa y me puse primero un rato. Después estuve con Calonge y con un chavalín de 16 años que iba como un tiro y llevaba la bici como si el terreno fuera liso. Finalmente dejamos la pista y volvimos por los caminos de cabras. Se volvió a cumplir el dicho ese de "la potencia sin control no sirve de nada" y poco a poco empezó a adelantarme gente en la subida. En la bajada me adelantaban en manada :-)
Y eso es todo. Conseguí terminar la marcha sin besar el suelo, aunque con unos cuantos arañazos, un pequeño golpe en la rodilla y otro en la con el pedal en la espinilla que me dolió un huevo.
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